Mongolia

18 Septiembre, 2007 | La Ruta

Empiezo a perder la cuenta de los días, trenes y fronteras que he cruzado, pero la de Rusia con Mongolia dudo que vaya a olvidarla…

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Llegamos con el tren a la frontera de Rusia y nos tocó una espera de 7 horas en el tren para poder salir del país, ya nos avisaron y en las guías ya te advierten de ello, así que tienes que tomártelo con mucha calma… Es en estos momentos cuando recuerdo con risas que me estresaba cuando todos los días cogía mi coche para ir a la oficina a Barcelona. Un colapso de 30 minutos en la autovía de Castelldefels me sacaba de quicio, y ahora estoy en un colapso de 7 horas…

Después de que nos revisaran bolsas y pasaportes, el tren arranca, desde él veo bellos paisajes que me dicen que entro en un nuevo mundo, Mongolia, una de las etapas más deseadas.

Al llegar a la frontera de Mongolia nos llevamos un pequeño susto, en el momento que venía la policía aduanera miré mi pasaporte y me quedé con la cara de “pasta de boniato” al ver que la agencia se equivocó con la fecha de entrada al país; según el visado no podíamos entrar hasta al cabo de 4 días… Tonto yo de no revisarlo… Miré a Gadea y le dije: “Uffff, la hemos cagao…” Total, que la señora de la gorra con galones y estrellas tomó mi pasaporte y yo rezaba, pero… de repente se quedó mirando el visado, me miró la cara (yo haciéndome el loco) y me dijo algo en mongol como… ¿Tontorrón, qué haces aquí? … Se fue y vino con un señor con cara de pocos amigos y nos dijo: “Recojan sus maletas que dentro de 5 horas llega un tren para ir de vuelta a Rusia.” Uffff… Yo ya me veía de vuelta a Rusia y que Rusia nos dijera que naranjas de la China, aquí no pueden entrar así que tomen otro tren de vuelta a Mongolia, y así 4 días… rebotando de frontera en frontera.

Total, tomamos las bolsas, todos los amigos del tren nos miraban con cara de pena desde las ventanas mientras nos hacían gestos de ánimo y apoyo mientras hacían esperar fuera del tren, unas 3 horas de larga espera en el que nadie nos decía lo que iban a hacer con nosotros. De pronto nuestro amigo Cristian habló con una señora holandesa que al parecer trabajaba en el consulado y nos hizo de mediadora con el problema. Por suerte pagamos 20 euros cada uno y nos subimos al tren, las caras de pena de los amigos pasaron a ser toda una fila de risas y bienvenidas, por lo que conseguimos llegar a nuestro destino.

Sinceramente creo que tan solo querían acojonarnos, porque fue corregir la fecha a lápiz y aquí no ha pasado nada… Dudo que los euros fueran a parar a los caudales del país… De todas formas, mil gracias a quien nos ayudó, lo siento, si lees esto, perdí tu mail. No dudes en avisarme si vienes por mi tierra, será tu casa.

Llegamos a la capital de Mongolia, Ulaanbaatar, una ciudad donde el caos circulatorio es todo un poema, una ciudad donde desgraciadamente hay una gran polución, por lo que rápidamente iniciamos nuestra gira por los grandes valles y sus prados salvajes.

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Existen varias rutas conocidas en el país, la más popular es la del sur donde puedes visitar el desierto del Gobi. Nosotros optamos por otra, la ruta oeste. Esta ruta se puede hacer en unos 8 días, alquilas un todoterreno con un chofer y a disfrutar del país.

Hay varias agencias que gestionan estas expediciones, la más popular y con mayor infraestructura es Nomads, que se encuentra en Peace Av.
También tienes a la gente de Golden Gobi que además te incluyen a una guía que habla inglés y te cocina, pero nosotros lo hicimos con la gente de UB Guest House, sinceramente os lo aconsejo si realmente queréis vivir una aventura más pura y ser por unos días un nómada más.

En esta ruta visitas Kharkhorum, los grandes valles, el gran lago blanco y varios poblados nómadas.

Nuestro chofer Beijing era todo un personaje de 37 años con 3 hijos, no hablaba ni papa de inglés pero nos entendíamos perfectamente mediante gestos, el más habitual era el de comer y sobretodo el de “¿Beijing, cuanto falta?”, siempre te decía: “Dos horas” mientras se descojonaba; al cabo de dos horas le preguntabas de nuevo y te decía con sus dedos: “¡¡Una y media!!” … De nuevo, risas…

Si vas a ir a Mongolia olvídate de las carreteras, directamente no hay… todo son prados salvajes donde vas rebotando dentro del todoterreno durante horas y horas, cada día recorríamos distancias interminables de 5 a 8 horas. Siempre era lo mismo, subías una gran pradera y desde arriba veías un valle interminable donde al final había otra montaña a subir, al llegar arriba otro valle interminable… En todo momento estás rodeado de paisajes maravillosos, ganado de todo tipo y de vez en cuando se cruza en tu camino un hombre a caballo y con suerte otro coche.

Duermes, vives y te alimentas con los nómadas, gente maravillosa, y es aquí donde te das cuenta que los occidentales consumistas estamos fatal del coco, os hablo de gente que vive feliz en los gers (tiendas) donde obviamente no hay agua, luz y como no… un televisor con anuncios para que te lo compres todo… Todo se mueve alrededor del fuego central del ger, un fuego que calienta la casa y a la vez es la cocina. No quiero ni pensar en sus vidas cuando llega el frío, las temperaturas bajan hasta 40 bajo cero.

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La alimentación es muy básica, pasamos ocho días a base de una especie de sopa con un fuerte gusto a ganado y un té de leche, a mí personalmente no me gustaba pero es lo que hay, aquí no encontraré las bravas y los sevillanos del Genil… Lo más parecido a un restaurante fue una casa donde había una niña con un pedazo de carne encima de la mesa rodeada de moscas, vean la foto en el álbum y se harán una idea.

A la hora de ir al baño… pues nada, lo mejor es convertirse en una cabra más, en el campo y ala, si te da vergüenza puedes usar una especie de cabañas de madera con un agujero… Prefiero ser cabra.
El tema de la ducha era muy natural, en la mayoría de sitios directamente no hay y con suerte tienes un espejo con un recipiente de agua, por lo que la visita al río helado era la única solución. En otros más “modernos” tenían un garito donde en lo alto tenían un bidón con un fuego de leña, todo un lujo 5 estrellas, ¡agua caliente!

Durante estos días sufrí una especie de gripe o virus, creo que fue Beijing, siempre tosía por lo que al final yo también fui un mongol más con mis toses y estas cosas…

Mongolia la visitamos con Cristian (el de Milán) y Eric (el alemán al que le robaron en Rusia), también apareció Jason al cabo de unos días con dos catalanes, Albert y Miquel, un par de personajes excepcionales que están dando la vuelta al mundo con la opción de billete de avión abierto; con ellos pasamos buenos momentos en nuestro ger durante varias noches de luna llena y el fuego a nuestros pies.

En estos meses (pronto ya serán 3) he conocido a gente fascinante, sin duda una de las mejores experiencias del viaje, de todos ellos, uno de los más interesantes y con el que hemos compartido más días ha sido Cristian, el italiano de Milán.

Cristian, amante de la fotografía, viaja con su vieja Nikon F de los años ochenta, una cámara que compró en un mercado de segunda mano. Cristian es admirable, tiene 25 años y acaba de terminar su carrera de Ingeniería Biomédica, ahora está viajando solo durante un mes y medio, para regresar después a Milán para trabajar en una tienda de libros durante 3 o 4 semanas y comenzar a buscar trabajo. Creo que Cristian tardará menos de un año en mandarnos un mail para regresar con nosotros…

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¡Ah! Estando en el hostel de Ulaanbaatar había una pareja, hablaban en inglés con un acento catalán que les delataba, por lo que les solté un “adéu”, se me quedaron mirando y en catalán me preguntaron de donde era, por lo que contesté… ¡de Vilanova! Los dos se quedaron parados por un momento y me contestaron un… ¡Sí hombre! ¡¿Y la Geltrú?! ¡Nosotros también! El mundo es un pañuelo… Un abrazo para ellos, nos veremos por casa cuando regrese, queda pendiente un desayuno soleado en la Plaça de la Vila.

Cierro Mongolia, de nuevo otro tren, creo que ya llevamos más de 15.000 km a nuestras espaldas, ahora toca entrar en China, un país en el que pienso quedarme cerca de dos meses, por lo que el siguiente artículo va a tardar un poco. Me toca darme un respiro.

Aquí podeis visitar el álbum

Hasta pronto.

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